Vuelvo a la carga con más cocina y más comida; nuevas influencias, nuevas tentaciones y nuevo outfit para el blog. Y aprovechando que ahora vivo en Inglaterra —sí señores, este blog lo comencé en Alemania y lo retomo en Reino Unido— voy a hablaros de algo que me fascina: el típico desayuno inglés.
En general, los españoles siempre hemos sido de desayunar poco: café con leche y tostada, quizá unas galletas… Por eso nos resulta en ocasiones tan chocante el típico English breakfast. El desayuno tradicional de Reino Unido —muy similar en Irlanda— consta de un platazo combinado de comida hipercalórica, a saber:

- huevos,
- salchichas (o longanizas, como les llamaría yo, que soy de valencia),
- bacon,
- tomate a la plancha,
- champiñones,
- baked beans, las típicas alubias estofadas en salsa que vende Heinz,
- pan frito o tostadas
Los ingredientes varían de una región a otra y también de un pub a otro, que los hay más generosos. Los huevos suelen ser fritos o revueltos y en muchos lugares es costumbre servir también algo de black pudding —que viene siendo una morcilla de aquí— o verduritas rehogadas con patata, conocidas como bubble and squeak.
El pan es algo que también va cambiando de región a región. Por ejemplo, en Escocia se suele sustituir el pan de molde por tattie scones —bollitos de pan de patata— y en Irlanda puedes encontrar pan de soda.
Un apunte. Yo hablo del «desayuno inglés» como algo genérico, pero los más puristas llamarán a cada desayuno por su nombre: «desayuno escocés», «desayuno irlandés», «desayuno galés»… ¿Qué queréis que os diga? A mí todos me parecen igual, las variaciones son mínimas, pero esta gente es muy suya y, así como a alguien de Orihuela no le haría mucha gracia que le confundiese con alguien de Murcia, a un escocés ni se te ocurra llamarle inglés, que te saca los ojos. Y si se empeña seguramente encofrará las siete(mil) diferencias entre una foto del English breakfast y una foto del desayuno que sirvan en su pub de confianza. Británico sí, inglés nunca.
El típico desayuno se acompaña con English breakfast tea, el característico té negro inglés que se sirve con leche y azúcar.
A mí lo que más me gusta del desayuno inglés es que su atractivo turístico ha hecho que normalmente —por lo menos en Londres— lo puedas pedir a cualquier hora, incluso cuando tus amigos ya van por la quinta pinta de cerveza mientras veis un partido del Chelsea en un pub. La flexibilidad del horario se agradece, sobre todo para aquellos que no estamos acostumbrados a semejante salvajada de buena mañana (aunque digan que el desayuno es la comida más importante del día, sólo he conseguido desayunar así en los hoteles con bufé).
En realidad, el ciudadano de a pie inglés no suele desayunarse a diario con estas cantidades, más bien opta por lo rápido y menos calórico como los típicos café o té, tostadas, cereales o algún bollo.
Poco tienen para escandalizarse los menos hechos a las modas extranjeras, porque, cada vez más, las tradiciones dejan paso a la globalización culinaria y de las costumbres. Y menos que se deben sorprender con semejantes desayunos, cuando el patrio pincho de tortilla o el bocata de lomo, con su caña de cerveza, café o carajillo a la hora del almuerzo tampoco se quedan cortos.
En los dos meses que llevo en este país sólo he comido un desayuno inglés en una ocasión y a las cinco de la tarde a modo de merienda-cena, pero tengo ganas de algún día ir al pub antes de comenzar la jornada laboral, a ver qué pasa.